Espontánea desorientación

agosto 24, 2007 at 5:05 pm Deja un comentario

He dejado Queimadelos por un fin de semana ajetreado en la capital. Nuevamente me encuentro en Madrid con una agenda en principio apretada que el subconsciente se afana en herir de muerte con planes espontáneos. Mientras hacía tiempo en un bar de carretera -trajeada de Zara, repeinada y con maletín, preparada para una entrevista de trabajo a las 11 hs. en una agencia de comunicación y relaciones públicas con reminiscencias argentinas- he leído las críticas de los estrenos cinematográficos de la semana, y hoy tengo que ir a los Golem a ver “Naturaleza Muerta”. Me encanta el arte oriental, y el cine asiático es reflejo de esa estética, incluso cuando intenta transgredirla o deconstruirla. En Queimadelos no hay salas de cine; y en Ponteareas, Porriño o Vigo jamás llegará a exhibirse una película como “Naturaleza Muerta”. Parece que no hay público. Yo creo que sí lo hay, aunque a veces pierdo la esperanza de encontralo. Me gusta encontrarme, y en Madrid me encuentro en ocasiones. Hoy ha sido otro día de indignación. Lo mejor de la mañana, sin duda, los planes espontáneos que han surgido entre trago y trago del agua con gas que el camarero había hallado en las catacumbas del bar. Después de la entrevista he desconsolado la insatisfacción acumulafa con un consumismo premeditado: unas gafas de lo más fashion en una tienda de Preciados y “El Libro de la Fotografía Digital” (Chris George, 2007), más sinsabores para las cajas de cartón que aún guardan mis propiedades repartidas en casas diversas {…} Vuelven las proposiciones indecentes de becas de baja remuneración y los fantasmas del malabarismo de cuentas e ilusiones que deambulan por la senda de la frustración; vuelve la opresión, y la soledad se siente cerca, como un abismo {…} Queimadelos se contempla desde la distancia de unos sueños de adolescencia, desde la añoranza del recuerdo. El universo vital se achica, a pesar de la inmensidad del cielo estrellado en las noches de verano que acabo de admirar. Tan sólo tengo la esperanza de las estrellas fugaces, incapaces sin embargo de trazar un horizonte alternativo a las sombras de las montañas. Me siento dividida en al menos dos mundos, irreconciliables hasta ahora, desconocidos; y deseo unirlos para alcanzar la felicidad. Y no sé cómo empezar {…}

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Queimadelos empieza hoy Estampas de familia

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